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  1. Gracias, Kiko Rivera

    sábado, 30 de agosto de 2014

    No es lo que estás pensando, el título de este post no responde a ningún episodio de enajenación mental. Todo lo contrario, es un agradecimiento gritado a pleno pulmón desde este humilde huequecitoto de la red.

    ¿El motivo? Uno que incluso ni el propio implicado conozca, y que con toda seguridad es involuntario por su parte. Y es que el atrevimiento de Kiko Rivera de lanzarse al mundo musical (otra cosa no, pero lo de este tipo sí que son unos huevos de oro) es la demostración definitiva de la pérdida de papeles continua que el otrora arte de la música inició en nuestro país con el auge del reggaetón.

    Letras dignas de compositores de 10 años de edad, vejación continua al sexo femenino, ritmos planos... características propias de un estilo que, incomprensiblemnte, no hace sino crecer gracias a todas ellas. Tanto es así que incluso se ha observado una evolución dentro de este sinsentido, cuyo resultado es nada más y nada menos que el ´electro latino´.

    Una plaga que se ha ido extendiendo desde las discotecas (el único sitio donde su presencia puede llegar a ser al menos comprensible) hasta los ordenadores, reproductores y habitaciones de una multitud a la que sólo por respeto llamaremos público juvenil.

    Una oportunidad que no ha querido desaprovechar ese tiburón de la picardía que es Kiko Rivera. “¿Por qué tengo que conformarme con forrarme en discotecas sólo por ser hijo de?. Yo también quiero ser el protagonista en ellas, si hasta Juan Magán puede”, habrá pensado el chico.

    Dicho y hecho, líricas infantiles dedicadas al amor, musiquita de nivel básico para acompañar y !ale!, a reclutar audiencia sin tener un miligramo de talento, mientras siguen alejándose en el tiempo los días en que primaba el amor por la música y las ganas de hacer (y escuchar) algo de calidad.

    Para terminar, simplemente os invito a reflexionar un poco sobre a dónde vamos con todo esto. Bueno, como alternativa, si no tenéis ganas de pensar, seguid escuchando reggaetón, electro latino o como os salga del alma llamarle. Eso sí, no sin antes deleitaros con esta maravilla que habéis creado.



    PD: Gracias de nuevo Kiko por darles lo que se merecen.

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  2. Un dilema que habla

    martes, 12 de agosto de 2014

    No es ningún secreto que Juego de Tronos, más aún desde su aparición en televisión, es un fenómeno del que muy pocos pueden estar al margen. En mi caso, como público exclusivamente audiovisual, dicha serie es, hasta ahora, la mejor (SIEMPRE con Breaking Bad de por medio) de esta segunda década del siglo XXI.

    Quizá sería el momento adecuado para argumentar el porqué de dicha crítica positiva, para lo cual habría elementos casi ilimitados: calidad de los escenarios, gran ambientación, casting de actores muy afortunado, riqueza de personajes secundarios, etc...

    Todo ello sin hablar de la intrigante y, sobre todo, imprevisible trama de este universo que George RR Martin ha regalado al mundo. Sin embargo, este post quiere alejarse de los muchas, y seguro merecidas, críticas positivas que Juego de Tronos recibe a lo largo y ancho del globo.

    Tanto es así que en lugar de valorar su calidad plantea un dilema extrañamente razonable. Este no es otro que la disyuntiva, siempre partiendo como espectador de la serie, entre abordar o no los libros que hicieron surgir el fenómeno.

    Siendo más concreto, y por ejemplo tras disfrutar de la brillante cuarta temporada, servidor no puede esperar para conocer qué sucede a continuación a los Lannister, los restantes Stark, los inquilinos del Muro y compañía. Fácil solución, aparentemente: leer los siguientes libros.

    Ahora bien, y tras haber disfrutado como un enano de todos y cada uno de sus capítulos, ese ansia por seguir devorando la historia, que los libros podrían solucionar, echa el freno. Ello se debe a que la serie en sí rezuma tal calidad que, posiblemente, quien ha empezado desde ahí (o ese es al menos mi caso) prefiere seguir viéndola sin atreverse a descubrir ningún dato que la lectura pudiese aportar.

    De este modo, y entrando en decepciones personales con saltos de novelas a la gran pantalla (Harry Potter, Millenium, Los Pilares de la Tierra...), es la primera vez que un producto audiovisual ha llegado a parecerme tan bueno como para reprimir el impulso de la lectura.

    Y tú, ¿qué opinas?
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  3. Las horas más bajas

    lunes, 4 de agosto de 2014

    “Incluso en mis horas más bajas, siento las palabras burbujeando dentro de mí. Tengo que volcarlas sobre el papel o se apodera de mí algo peor que la muerte. Palabras, no como algo valioso, sino como algo necesario”



    Pocas veces puede uno mismo sentirse identificado al pie de la letra con un genio de la dimensión de Charles Bukowski, autor de las líneas arriba plasmadas.

    Por ello, aprovechando la tesitura, un humilde bloguero desea liberar todas las palabras que lleva dentro, precisamente en las horas más bajas de su existencia en lo que a autorealización personal ser refiere. No es algo valioso esto que estás leyendo, sino algo necesario para los dedos y el alma de quien lo escribe.

    De cualquier modo, ya estás este humilde espacio donde quizás algún día puedas encontrar acomodo en lo que este periodista considera un bien de primera necesidad, expresar.


    Bienvenid@.
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