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  1. Ella me puso en mi sitio

    jueves, 19 de julio de 2018


    No por esperado iba a ser menos doloroso. Al menos sabía eso, algo bueno debía tener el encontrarse al borde de la treintena. Pero el conocimiento de la situación a través de una experiencia previa en el pasado tan solo era eso, teoría.

    Nunca había olvidado la frase de un amigo que decía que “tus colegas estaremos aquí para hacerte compañía, pero en la soledad de tu casa no podrás evitar convivir con la situación”. Esas palabras le habían hecho sentir esa felicidad amarga que, por algún motivo, siempre le había encantado. Ahora tocaba regresar a las trincheras y comprobar si seguía siendo capaz de hacerle frente a algo así.

    Era el momento de afrontar otro comienzo desde cero. Analizar lo que tenía y reflexionar sobre lo que deseaba era obligado ahora que no tenía más remedio que estar a solas consigo mismo. Ni siquiera en los numerosos y extensos momentos en que consumía ficción audiovisual podía evitar sacar conclusiones personales. Ya estaba ocurriendo; no tenía escapatoria y no le importaba.

    Todo su ser se estaba viendo forzado a superar otro examen exigente y era consciente de que no conocería sus verdaderos resultados hasta pasados varios meses. Todo porque ella le puso en su sitio. Y no le guardaba ningún rencor.

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  2. Oda a Los Soprano

    lunes, 27 de noviembre de 2017

    Ya está hecho. A pesar de haber tardado más años de lo esperado en dar el paso, por fin he terminado de ver Los Soprano. No me avergüenza decir (en todo caso me sucede justo lo contrario) que me decidí a visionarla para cerrar ese triunvirato imprescindible para todo amante de las series que esta ficción sobre la mafia comparte, en mi opinión, con The Wire y Breaking Bad.

    En resumen, podría decirse que entré en la serie como espectador neutral y por momentos casi forzado. Pero no quiero dedicarles unas líneas a dicha entrada, sino a mi salida de la misma tras seis temporadas que han supuesto para mí una experiencia irrepetible. Este último es el único adjetivo medianamente acertado que encuentro para Los Soprano. Un calificativo no demasiado original, pero absolutamente lleno de sentido.

    De hecho, me cuesta recordar un momento en el que haya usado la palabra irrepetible con mayor intención. Creo que solo puede atribuirse a aquellos elementos que aunan con una sincronía involuntaria el buen hacer interno con circunstancias ajenas. En palabras de su propio creador, David Chase, “cuando el trabajo duro tiene como resultado la trascendencia, nadie se acuerda de lo duro que ha trabajado. Lo único que perdura es pura magia”. Porque por más que la serie cuente con una excelente calidad de actores, guiones, personajes o escenarios, nada sería lo mismo si no esta no hubiese tenido lugar en los años en que lo hizo, concretamente entre 1999 y 2007.

    Muchas cosas han sucedido entre estos años donde los avances nos hacen perder incluso la noción de cómo era nuestra vida antes. Lo que vemos en pantalla, como no podía ser de otra manera, también ha sucumbido a los 'encantos' de la globalización y la inmediatez. Creo que sabes de lo que hablo: 95% de actores y actrices sacados de catálogos de belleza, un ritmo vertiginoso para enganchar al espectador que se come la propia historia o el hecho de que un spoiler final valga más que 20, 30, 40 o 50 minutos de buen metraje.

    En el umbral de la modernidad entendida como el momento actual, Los Soprano fue capaz de mantenerse ajena a esta tormenta que empezaba a arreciar. Y lo hizo a través de la confianza en un modelo de trabajo y resultados por el que hoy pocos apostarían. Riqueza de los diálogos, importancia capital de las emociones, ritmo pausado, ausencia total de ficción o uso comedido de las escenas de sexo o acción. Me permito dudar sobre el éxito de algún proyecto similar ahora que existen innumerables y constantes producciones y plataformas de emisión. El 'aquí y ahora' no lo permitiría.

    Los Soprano lo consiguió. Más allá incluso de su calidad infinita, su carácter atemporal es su mayor legado. Tras haberla disfrutado, no puedo evitar esbozar una sonrisa al recordar esos pensamientos que venían a mi cabeza en los primeros episodios: “hablan demasiado”, “es muy lenta”, “ los capítulos duran casi una hora y apenas pasa nada”. Es muy posible que hayas visto la serie y hayas dicho o pensado algo así para, posteriormente, comerte con gran gusto tus palabras, tal como me ha sucedido a mí. Dudo que fuese capaz de atreverme a continuar hoy con una serie que me llevase a pensar de ese mismo modo, pues tengo una lista de espera inmensa llena de cosas que quiero ver y no voy a perder el tiempo con nada que no me convenza rápidamente.


    En el peor de los casos, si ninguna serie te entusiasma durante una temporada, Los Soprano siempre pueden volver a tu vida. Si es que alguna vez consigues que se vayan.
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  3. Un 'capote' a Jordi Cruz

    domingo, 7 de mayo de 2017

    Le está cayendo una buena encima a Jordi Cruz, propietario del restaurante Abac de Barcelona y jurado de Masterchef. Todo se debe a unas recientes declaraciones en las que justificaba el trabajo no remunerado de los becarios en restaurantes de alta cocina como el suyo, por ejemplo.

    Para ello se ampara en la viabilidad económica de esta opción y en el “favor” que se le hace a los aprendices permitiéndoles empaparse del más exigente ambiente profesional. El viejo cuento de hacernos creer que todo el mundo gana con este sistema cuando el único beneficiado es el que aprovecha la ilusión de los jóvenes para disfrutar de mano de obra cualificada a coste cero.

    Llegados a este punto yo me pregunto: ¿por qué es ahora Jordi Cruz el enemigo público número 1 de España?. Es evidente que no se puede defender ni justificar su argumentación, pero la sociedad se lo ha tomado como si hubiese dicho algo que nadie sabía o estuviese utilizando una técnica que nadie más comparte.

    Todo lo contrario, y aquí viene mi 'capote' al señor Cruz para brindarle un soplo de aire fresco en su caída a los infiernos. No encuentro descabellado pensar que cuando enunciaba estas frases que ya nunca olvidará ni siquiera fuese consciente de que estaba sacando a la luz un hecho de lo más reprobable. Solo estaba constatando una realidad.

    Al fin y al cabo estamos rodeados de chupópteros que sacan una tajada inagotable de inocentes en busca de la sagrada 'experiencia' o el 'currículum'. Que tire la primera piedra el que no conozca a alguien que haga o haya hecho lo mismo que Jordi Cruz (sabemos que estáis ahí) o el que no haya tragado con este invento de trabajar gratis (bueno no, a cambio de experiencia) alguna vez en su vida.

    En definitiva amigo Jordi, te ha tocado el papel de cabeza de turco de una problemática que está a la orden del día. Y la agresividad de la reacción viene motivada por las legendarias 'tragaderas' de las buenas gentes de España. En lugar de rebelarnos y protestar contra esta infame precariedad laboral en el día a día y en el lugar donde hay que hacerlo preferimos disparar en redes sociales contra un personaje de la misma televisión que nos ayuda a olvidar que mañana nos toca trabajar otra vez a cambio de una miseria.
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  4. Fluir

    miércoles, 7 de octubre de 2015

    Existen pocos idiomas tan ricos y bellos como el castellano. La cantidad de palabras, expresiones y combinaciones posibles que nuestra bendita lengua nos brinda es un lujo del que podemos disponer, de manera ilimitada, a diario. Pero es posible incluso subir otro peldaño cuando la experiencia vital lleva a convertir una palabra aparentemente normal en un concepto amplísimo. Y eso ocurre cuando suena fluir.

    Fluir es saber que esto se trata de estar hoy aquí y mañana allí. Siempre de viaje.

    Fluir es mostrarse por fuera y por dentro de la misma manera, estés aquí o allí. Naturalidad.

    Fluir es no buscar recompensas ni aprobación, pero aún así encontrar ambas cosas. Sin pretensiones.

    Fluir es tan real que no se puede intentar, simplemente ocurre. Y ya no hay vuelta atrás.

    Be water, my friend.


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  5. Un traspiés inolvidable

    lunes, 15 de junio de 2015

    Él nunca había sido especialmente bueno en lo que a la relación con chicas se refería. Era consciente de ello desde sus años mozos, en los que esta situación llegaba a inquietarle, si bien con el paso del tiempo había conseguido verlo como una simple cuestión de paciencia que finalmente parecía estar dando sus frutos.

    Tanto era así que, casi sin darse cuenta, se había instalado en un plano totalmente distinto a ese en el que había crecido. Poco más que el recuerdo quedaba ya de aquel niño tímido e inseguro, cuyo verdadero problema, pensaba tras todos estos años, era la costumbre de poner los intereses de los demás por delante del suyo propio.

    Ensayo y error, se decía a sí mismo. Tras numerosas experiencias, en su mayoría fallidas, había sido capaz de recoger las lecciones necesarias para que esos momentos incómodos y a veces traumáticos, con la chica guapa de turno como artista invitada, no volvieran a repetirse.

    Lo cierto es que su evolución fue tan buena que incluso se permitía el lujo de echar de menos aquellos miedos de su niñez, tan superados a día de hoy que daban la impresión de pertenecer a la vida de otra persona, no a la suya. Todo parecía flotar tranquilamente en un mar de estabilidad emocional. Hasta que empezó a intercambiar impresiones con ella.

    Por muchas vueltas que le daba, aún no sabía el motivo concreto por el cual aquella mujer, pues lo era a pesar de su juventud, le llamaba tan poderosamente la atención. Quizá fuese su valentía para admitir que no le gustaba del todo su vida, a lo que acto seguido unía la certeza de que saldría de ella porque era consciente de que contaba con la capacidad para ello.

    Unos rasgos de personalidad ciertamente diferenciadores que, unidos a varias aficiones e ideas en común, llevaron a aquel tipo que tanto creía saber ya de la relación con el sexo opuesto a contarle a ella en 10 días ciertas cosas que no habría dicho a otras en años. Era oficial, la situación le desconcertaba. Y disfrutaba de la sensación.

    Fue ese el momento en que sus dos "yo" entraron en conflicto. Mientras el más joven de ellos susurraba que la atracción que estaba floreciendo merecía cuidados y delicadeza, así como alejarse de prisas innecesarias, el mayor lo apartó con un arrogante manotazo en la cara para quedarse con el terreno libre y despejado para actuar.

    De repente, todo parecía tan fácil que aquel Don Juan de pacotilla sólo tenía que esperar al, en su opinión, evidente desenlace de los acontecimientos al que los días previos le conducían. Dicho y hecho. Tras un par de cervezas y el camino a casa, inclinó su cabeza de manera suave para que aquella atracción sumase un buen beso a todas aquellas interesantes conversaciones de los días anteriores.

    Sin embargo, ella se apartó, también con suavidad, dejando al mujeriego novato en medio de la nada. El momento ni siquiera fue violento. Los dos se despidieron amigablemente, tras lo cual él no pudo más que reflexionar sobre lo que le había sucedido en las últimas dos semanas y cuyo final fue el más inesperado posible.

    Tras varios días dándole alguna que otra vuelta, finalmente lo comprendió. Era su amiga. Ella lo sabía desde el principio, pero él se negó a verlo por ser incapaz de oír a su joven conciencia. Entonces se sintió agradecido. Nunca se lo diría a ella, pero la recordaría siempre por haberle hecho ese impagable favor.

    El niño tímido e inseguro de su interior ni siquiera alzó la voz, simplemente sonrió. Sabía que su alter ego del presente no tenía más remedio que morderse la lengua y reconocer que, a partir de ahora y tras tantos años, volvería a pedirle opinión a esa voz aniñada antes de pensar, ni por asomo, que conquistar a una mujer interesante era tarea fácil.
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  6. El último fracaso

    sábado, 14 de marzo de 2015

    Despertó. Tras sacudirse el regusto de un reponedor sueño de ocho horas, recordó que la noche anterior le había costado dormirse. La única causa de aquel insomnio, el convencimiento, tan pleno como amargo, de no haber hecho todo lo que estaba en su mano.

    ¿Para conseguir qué? Eso ahora no importaba, pues nunca sabría el resultado de aquel intento que nunca llevó a cabo, pensó con la estúpida rabia de quien sólo puede admitir haber sido demasiado cobarde para aspirar a un beneficio potencial que estuvo esperando horas antes sus ojos.

    Pocas horas después, sin embargo, averiguó que una impertinente jugada del azar tuvo mucho que ver con que finalmente no consiguiese lo que en cierto modo, incluso sin saberlo, tanto deseaba. Sintió entonces la profunda tentación de culpar al caprichoso destino de su amargura, para así ser capaz además de liberarse de la pesada carga que le proporcionaba el haber tomado aquella pésima decisión.

    En ese momento sintió algo que no le resultaba familiar. Ante la posibilidad de excusarse en la "mala suerte", esa que tanto le había servido de escudo en el pasado, la certeza de que el único culpable de su desdicha era él mismo no le permitió ni por un segundo tomar ese camino.

    Su extrañeza fue incluso a más mientras aún masticaba la decepción de haberse fallado a sí mismo una vez más. De entre las cenizas de la más reciente de sus innumerables derrotas, todas ellas motivadas por su falta de atrevimiento, vio emerger la eterna victoria que llegaría a continuación.

    Fue entonces cuando le invadió un sentimiento inusitado, el convencimiento de que jamás volvería a fracasar. No porque pensase que siempre alcanzaría todos sus objetivos, algo que nunca cruzó su mente, sino porque sintió cómo todo su ser gritaba al unísono que no existía más fracaso que el hecho de no intentarlo.

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  7. Toy Story 4: ¿Acierto o exceso?

    viernes, 7 de noviembre de 2014

    El mundo sigue frotándose los ojos ante el anuncio oficial de Disney, con fecha de estreno incluida, de una nueva entrega de uno de sus más fructíferos productos, Toy Story. Concretamente, la saga que revolucionó por y para siempre el mundo de la animación dará a luz a su cuarta entrega en junio de 2017. 

    Una noticia que no deja indiferente a nadie, si bien lanza una duda al aire. Tras sus tres primeras películas, aclamadas por crítica y público y abrazadas por unos ingresos totales de unos 2.000 millones de dólares, las aventuras de Andy, Buzz y compañía volverán a las pantallas. Un hecho ciertamente inesperado tras el perfecto cierre de la tercera entrega, cuyo carga narrativa y dramática consiguió poner de acuerdo a propios extraños a la hora de zanjar una de las historias de amistad y valor más especiales de los últimos tiempos.

    Sin embargo, los estudios Disney junto con John Lassester, responsable de las dos primeras entregas, han decidido ponerse manos a la obra con el cuarto episodio de la vida de los juguetes más famosos del mundo.

    Sólo queda por ver si esta sorpresiva decisión consigue poner una nueva película a la altura de la perfecta sinfonía que lograron formar las tres anteriores, o si bien termina suponiendo, en mayor o menor medida, un riesgo que nunca debió ser tomado. 

    Y tú, ¿qué crees? (recuerda que puedes opinar sin necesidad de registrarte eligiendo la opción comentar como anónimo)



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